Y tiempo para coser…
Tiempo para callarse
Y tiempo para hablar...”
(Eclesiastés, Cap. 3)
En mayo de 2009, el IDHUCA organizó una actividad para jóvenes, conmemorando el 30 aniversario de las masacres del 8 de mayo en Catedral y del 22 de mayo en la embajada de Venezuela. Me animé a ir y a llevar algo que había escrito motivada por preguntas de mi hija Rocío sobre mis vivencias cuando era joven. En la capilla de la UCA por primera vez dije en voz alta lo que yo recordaba del 8 de mayo de 1979.
A partir de ese día, sucedieron otras cosas que me enfrentaron a recuerdos muy personales sobre fechas que nos pertenecen a todos. Con las actividades del 30 aniversario del martirio de Monseñor Romero, muchos pusieron los ojos y el corazón en El Salvador. Por un lado, una amiga de una amiga me contactó con reporteros de la BBC que estaban buscando a alguien que hubiera estado en el entierro de Monseñor y que hablara inglés, y además, que estuviera en la disposición de ir al lugar de los hechos para contarlos. Luego, otra amiga de otra amiga,-que ahora es mi amiga- andaba haciendo un documental sobre el rol de la música en la lucha revolucionaria de la década de los 70 y 80 y supo de lo que yo había escrito sobre el 8 de mayo, donde menciono dos canciones simbólicas, La Milonga del Fusilado y Amnistía General. La primera, un himno de despedida a los que mueren defendiendo sus ideales, y la segunda, simbólica para los presos políticos.
Entonces entre 2009 y 2010 participé en dos iniciativas de la memoria que vinieron a mí sin buscarlas, y donde lo que me pedían era simplemente recordar. Recordar en voz alta.
En estas andanzas coincidí varias veces con mi tocaya, Paty Silva, trovadora de vocación, que con su guitarra al hombro y la belleza en el alma, me ofreció trenzar su canto y su memoria con mis relatos. Poco a poco nos pusimos a espulgar el repertorio de lo que cada una tenía en su colección de recuerdos, y entre partituras y narraciones fueron emergiendo nombres y apellidos de jóvenes cuyas miradas quedaron congeladas en fotografías o en imágenes mentales, haciéndonos preguntas sin respuesta, y nos fuimos contando anécdotas de tiempos terribles, que a pesar de todo el dolor causado, también contenían historias profundas de amor, amistad y esperanza. Poco a poco se nos fue revelando una historia común, una pieza vital de la Historia de nuestra generación, y nos dimos cuenta que era importante darle su lugar, honrarla, y ofrecerla amorosamente a la generación de nuestras hijas.
Este recital tenía ganas de ser. Comenzamos a entretejer ideas y propuestas la noche del 24 de marzo, celebrando el primer Día Internacional para el Derecho a la Verdad en relación con las Violaciones Graves de los Derechos Humanos y para la Dignidad de las Víctimas. Es como si ellas y ellos, nos hubieran pedido acariciar su recuerdo, dignificarlo, hacer algo tan sencillo como nombrarlos, y entonces buscaron la complicidad de la música y las palabras para hacerlo.
Con tanto amor que fue sembrado en aquellos años, Paty y yo creemos que vale la pena rescatar la cosecha, y buscar canastos donde irla recogiendo para salir a repartir...
Con tanto amor que fue sembrado en aquellos años, Paty y yo creemos que vale la pena rescatar la cosecha, y buscar canastos donde irla recogiendo para salir a repartir...
Si se animan a traer su canasto, ahí les queda la invitación para acompañarnos.
El Salvador, mayo de 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario